En 1962, cuando Chile recibía a las mejores selecciones del planeta para la Copa del Mundo, la selección Argentina encontró su refugio en un lugar alejado del ruido y rodeado por la cordillera. Se trataba de El Sauzal, el campamento construido para los trabajadores de la Central Hidroeléctrica Sauzal, una moderna obra que había comenzado a levantarse en la década de 1940 y que para entonces contaba con viviendas, casino, piscinas y todas las comodidades necesarias para albergar a una delegación mundialista.
La imagen de la época muestra el frontis de la residencia donde se hospedó la Albiceleste, con las banderas de Chile, Argentina y la FIFA flameando sobre el edificio. Desde este tranquilo enclave ubicado a unos 19 kilómetros al oriente de Rancagua, los jugadores argentinos se preparaban para sus partidos del Mundial de 1962. Por algunos días, las calles de este campamento energético fueron escenario del paso de futbolistas que formaban parte de una de las selecciones más importantes de Sudamérica.
Más de seis décadas después, el contraste es inevitable. La central hidroeléctrica sigue siendo parte de la historia del desarrollo energético de la región, pero el campamento quedó deshabitado hacia 1997. Hoy, las antiguas edificaciones de El Sauzal permanecen como testigos silenciosos de un pasado marcado por el trabajo, el progreso y un episodio poco conocido del Mundial de 1962: aquel en que la selección argentina hizo de este rincón de Machalí su hogar mundialista.
Imagen: X: @panchohi_tc




